El transporte que suma kilómetros y resta contaminación en América Latina

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Recorrido revisando impacto del covid 19 en Lima. © Victor Idrogo / Iconica / Centella Comunicaciones para Banco Mundial. Callao, Hospital Negreiros, Familia y clases virtual en Villa - Chorrillos, Banderas en Miraflores, Reten Policial Militar Avenida Arequipa, Paradero Avenida Petit Thouars y Javier Prado Metropolitano, Signos de Distancia Social

El crecimiento de las ciudades en América Latina y el Caribe aumenta la necesidad de adoptar nuevas formas de movilidad, más sostenibles, limpias y duraderas
Todos los días a las 6 de la mañana, Virginia toma el primero de tres autobuses para llegar al trabajo. Cada vez que cambia de uno a otro, observa cómo el humo gris se cuela entre los pasajeros que esperan a subir. Millones de personas como ella, dependen del transporte público en América Latina y el Caribe tanto para sus actividades laborales, como para realizar trayectos básicos al centro de salud o al supermercado.

Con el crecimiento urbano sin precedentes en la región, el transporte público, la amenaza del cambio climático y la contaminación ambiental juegan un papel preponderante en el desarrollo sostenible de las ciudades. Es por ello que en América Latina y el mundo se habla cada vez con más ímpetu de la e-movilidad, una forma limpia y sostenible de ir de un lugar a otro.

La e-movilidad es el uso de energía eléctrica en lugar de combustibles fósiles en los diferentes medios de transporte para disminuir la contaminación. Esta modalidad representa una gran oportunidad para descarbonizar el transporte de forma rentable y energéticamente sostenible. Latinoamérica es una de las regiones más vulnerables al cambio climático y la e-movilidad es un paso importante en el camino hacia el desarrollo sostenible.

Ciudades de todo el mundo ya han desplegado diferentes modelos de negocio para introducir autobuses eléctricos (e-buses), con el fin de superar los altos costos, el acceso insuficiente a la financiación y la dificultad para cambiar los contratos de concesión lo que facilita la transición al transporte público eléctrico.

La prioridad de la electrificación debería estar en el transporte público, debido al importante impacto positivo a través de la reducción de emisiones, la calidad del servicio de transporte, la disminución de la congestión y la mejora de la habitabilidad de las ciudades. El costo total de los e-buses, incluyendo los costos de compra y el uso a lo largo de su vida útil, es inferior al de los autobuses diésel, por lo que las inversiones tienen sentido a mediano y largo plazo con un modelo de financiación adecuado.

La incorporación del sector energético al transporte público es crucial para la implementación de los retos tecnológicos asociados a la e-movilidad. De la misma forma, la sustitución de los autobuses convencionales por e-buses, a la vez que mejora los servicios y establece subvenciones para la compra, requiere elevadas inversiones y repercute en los ingresos fiscales.

Ejemplos que marchan sobre ruedas
Entre las varias ventajas del uso de esta tecnología se encuentra que reduce la contaminación acústica y elimina las emisiones. La electrificación es una forma flexible, eficiente y sostenible de descarbonizar la economía. Más del 80% de las personas que viven en zonas urbanas están expuestas a una calidad del aire que superan a los límites que establece la Organización Mundial de la Salud. Esto es causado, entre otros, por el uso de la energía de los combustibles fósiles para alimentar los vehículos.

“Las experiencias de electrificación más relevantes en América Latina son las de Chile y Colombia”, señala Liljana Sekerinska, especialista sénior en transporte del Banco Mundial. “Los 800 autobuses eléctricos de la ciudad de Santiago podrían duplicarse en 2022 y en Bogotá, se completará una flota de 1.485 autobuses eléctricos en los próximos meses”. Es más “a partir de 2022, no permitirán la entrada de autobuses convencionales a la ciudad colombiana” indica Sekerinska.

En un reciente taller virtual, se discutió el caso de Uruguay, donde el transporte público se usa un 40% menos que antes de la pandemia. Actualmente, este país se encuentra en transición de autobuses regulares a eléctricos. Ya se han incorporado al sistema 32 autobuses eléctricos que en su mayoría tienen más de un año de funcionamiento y 760.000 km recorridos en conjunto.

Los resultados son alentadores, con un consumo medio de 1,0 km/kWh, un importante ahorro económico y casi 800 toneladas de emisiones de CO2 evitadas. Otros ejemplos regionales que resaltar son Ciudad de México, que cuenta con 273 autobuses eléctricos, Buenos Aires con 88 autobuses o Guayaquil con 20 autobuses.

A nivel internacional, las grandes ciudades de China son un ejemplo en el que el sistema de transporte público es la columna vertebral de la movilización y la electrificación rentable a gran escala. Sus autoridades reconocen que, para tener éxito, los autobuses urbanos eléctricos deben plantearse como un sistema coherente que abarque el vehículo, la infraestructura, el funcionamiento, los usuarios y la sostenibilidad financiera.

Tanto los ejemplos regionales e internacionales tienen enfoques diferentes que incluyen subvenciones, garantías de inversión o arrendamiento de activos de autobuses que pueden ser tomados como ejemplo por otros países de Latinoamérica.

La ampliación de la movilidad eléctrica es un paso importante hacia la consecución de los objetivos de descarbonización en América Latina. Esto beneficiaría tanto a personas como Virginia, que toma tres autobuses diarios para llegar al trabajo, como a todas las personas que viven en ciudades y están expuestas a la contaminación del aire.

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