[:es]EL REASENTAMIENTO EN LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA REQUIERE DE TODOS[:]

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[:es]NOTA DEL EDITOR: La nueva administración ya ha emitido sus primeras órdenes sobre inmigración y se esperan más. Los grupos locales, especialmente los que se mencionan en esta historia, se están organizando ahora para responder a los cambios que amenazan las décadas de procesos probados y pacíficos de reasentamiento, sin ninguna promesa de mejorar la seguridad, mientras se alimentan y apoyan narrativas y reclutamientos extremistas. Manténgase informado a la cobertura de seguimiento y revise la versión en inglés de esta historia en línea en TheReader.com.

Las masas cansadas, pobres y apretadas que anhelan respirar libertad en los Estados Unidos de Norteamérica incluyen a refugiados y asilados que huyen de persecuciones y guerras. Las personas desplazadas también incluyen a víctimas de tráfico humano internacional. Sin importar la razón que les hizo partir, estas almas sin nación salen de países que son demasiado riesgosos o inestables como para permanecer en ellos o pensar en regresar.

La mayoría de estas personas que escapan se apoyan en los grupos de compatriotas que les precedieron en el viaje aquí, para de esa forma poder aprender de ellos las cuestiones básicas. “En Nebraska el 95 por ciento de nuestras familias que vienen aquí se están reencontrando con amigos y familiares que ya estaban aquí”, dijo Lacey Studnicka, oficial de desarrollo de programas en Lutheran Family Services (LFS). “Son estas comunidades étnicas las que brindan a las nuevas personas que llegan del apoyo que necesitan. A través de la historia podemos apreciar esto en nuestro país. Es la comunidad étnica la que hace gran parte del trabajo al darles la bienvenida y ayudarlos a empezar de nuevo. Eso ocurre de forma orgánica. Nuestra agencia proporciona a quienes son nuevos aquí de una red de conexiones en los Estados Unidos de Norteamérica.”

Sin importar cuál sea su historia en particular, nos comenta, las nuevas personas que llegan “están aquí por sus hijos”. Ella agrega: “Quieren una mejor vida y quieren que sus hijos no tengan que experimentar lo que ellos tuvieron que pasar.
Cuando vez que obtienen una oportunidad para intentar las cosas una segunda vez y lo que hacen con esa oportunidad – los padres comienzan negocios, compran hogares, sus hijos destacan en la escuela y prosperan en su nuevo hogar – vez como cumplen así con el gran sueño. Y esto se puede ver todos los días.”

A los que buscan reasentarse no les importa si son ideales nobles, compasión humana o suerte lo que les permite salir siempre y cuando puedan nuevamente ser libres… o tal vez experimentar eso por primera vez. Subsistir en campamentos o en zonas de guerra esperando ser liberado significa una supervivencia básica marcada por la incertidumbre. El reasentamiento es un momento de tristeza y alegría pues significa que se deja todo atrás para partir y comenzar de nuevo en un nuevo lugar. El reasentamiento y la asimilación traen mucho estrés pero principalmente brindan oportunidades.

La LFS, la más grande agencia de reasentamiento en el Estado, ofrece acceso a servicios médicos, legales y de salud del comportamiento, clases ESL, asesoría sobre carreras y habilidades para la vida, así como ayuda en busca de empleo.

“Contamos con una taza de éxito del 85 por ciento en cuanto a colocar a refugiados en empleos dentro de los primeros 60 a 90 días de su llegada a los EE.UU.”, comentó Studnicka.

La mayoría de los trabajadores de caso son anteriores refugiados.

“Es un trabajo muy demandante,” nos dijo. “En verdad estás ayudando a que las personas reconstruyan su vida y esa es una gran responsabilidad. Están buscando que les puedas guiar en todo momento. Los trabajadores de caso fueron refugiados por lo que entienden su situación. Tienen un compromiso y una pasión diferente. Tratamos de que ellos establezcan límites, pero cuando tu hogar y tu lugar de adoración están en la misma comunidad a la que sirves, no puedes ‘apagarlo’ y ya.”

Los EE.UU. son una gran zona de refugio seguro, aunque las cada vez más estrictas revisiones significan que los casos individuales pueden tardar años en ser resueltos. Nebraska ha hecho su parte al recibir y reasentar a las personas desde los años 70.

“Hemos visto como se han duplicado nuestros números durante los últimos cinco,” dijo Studnicka, quien estima que actualmente más de 25,000 refugiados residen en el área metropolitana.

Nadie sabe si el Presidente Trump cumplirá con las políticas prometidas para cerrar las fronteras del sur y restringir el ingreso de personas con creencias musulmanas.

Las crisis en el Medio Oriente han generado una oleada de migración en Europa. Los números de refugiados a nivel mundial se encuentran a niveles que no se habían visto desde la Segunda Guerra Mundial. Se estima que 14 millones de personas esperan regresar o reasentarse. Solamente una fracción será reasentada de forma permanente debido a capacidad, seguridad y cuestiones políticas.

Los Estados Unidos de Norteamérica reciben entre 75,000 a 100.000 refugiados al año.

Cada año el Presidente, consultando al Congreso, decide el número de refugiados y de cuáles países serán aceptados. A quienes puede aceptar Nebraska depende de cuáles grupos puede el Estado ayudar de mejor manera en base a sus recursos y del soporte en idioma-cultura- técnica disponibles. Después de grupos anteriores de vietnamitas, rusos judíos, bosnios, croatas, afganos, sudaneses, somalíes, iraquíes, burundi, ruandeses, butaneses y karen, los nuevos grupos incluyen congoleños. A pesar de las objeciones del Gobernador Peter Ricketts, las personas de Siria también están siendo reasentadas.

Los oficiales del LFS comentan que reciben poca oposición a su trabajo con refugiados y no conocen de crímenes de odio dirigidos a los refugiados en el área.

Studnicka dijo que el Estado ha probado ser “un lugar muy favorable para el reasentamiento pues tenemos una excelente economía y un ambiente muy amigable. Los refugiados pueden encontrar empleos. En verdad es un buen lugar en donde vivir.”

Habiendo dicho esto, ella continúa: “Sí es difícil. Existen barreras en cuanto al idioma y al transporte”. La mayoría de las personas que llegan se encuentran con que sus estudios y su capacitación profesional no cumplen aquí con las certificaciones y eso los fuerza a tener que buscar empleo en los mismos trabajos que los inmigrantes que no cuentan con sus habilidades, en las industrias del empacado de carne, de la hotelería o del transporte.

Dekow Sagar, anterior refugiado de Somalia, comentó lo siguiente: “Yo recuerdo que al principio pensaba que si tuviera los medios para regresar al campo de refugiados lo hubiera hecho.” Pero su persistencia le permitió perseverar y poder ahora ser el director del programa en el International Center of the Heartland, una operación que extiende sus servicios según sea necesario a clientes refugiados más allá de los 90 días pagados con fondos federales.

Sagar tenía 8 años cuando él y su familia dejaron atrás las masacres de la guerra en Somalia para llegar a un campamento en Kenia. Esperaban estar ahí durante un corto tiempo, pero permanecieron en ese lugar durante varios años. Él se convirtió en adulto ahí y después de ayudar a Doctors Without Borders y a las Naciones Unidas, llegó a los EE.UU. en el 2007. Vivió y trabajó en Des Moines, Iowa, antes de comenzar un empleo en el Estado de Nebraska para después unirse al LFS.

Sobre los miles de clientes a quienes brinda sus servicios el International Center cada año, Sagar dijo que “tienen una alta motivación para volverse autosuficientes y ser independientes económicamente. La mayoría trabaja en dos empleos para poder cubrir sus necesidades.”

“Su fortaleza” frente a los obstáculos es lo que Studnicka más admira. “Están conscientes de lo difícil que serán las cosas y aun así están listos para hacerlo. Son las personas más trabajadoras que jamás he conocido.”

Continúa comentando: “Parte de los beneficios del gobierno federal son los ocho meses de apoyo económico, estampas para alimentos y Medicaid o bien hasta que comienzan a trabajar. Muchas familias comienzan rápido por lo que rápidamente dejan de recibir apoyo. Esta no es una limosna, es un apoyo para mejorar. Vamos a dar una oportunidad a las personas, pero tendrán que trabajar por ella.”

Abdullah Alalo era un joven casado de 26 años de edad y graduado de la escuela de medicina cuando el terror que azotó a Siria le obligó a buscar asilo. Él vino a los EE.UU. en el 2013 y después de vivir en Los Ángeles y Phoenix se mudó a Omaha en donde trabaja operando maquinaria. Él y su esposa, quien llegó a los EE.UU. un año después de él, acaban de comprar su primer hogar y están esperando su primer hijo.

Después de lamentarse por no poder seguir adelante con su carrera aquí, él ha encontrado satisfacción.

“Ahora vivimos cómodamente. Somos felices aquí. Nos gusta la ciudad, nos gustan las personas, hemos hecho muchos amigos. Todos nos han apoyado mucho.”

Khalid Khan trabajó como intérprete para las fuerzas militares de los EE.UU. por más de 10 años en su nativa Afganistán hasta que fue demasiado peligroso permanecer ahí. Él y sus compañeros intérpretes se convirtieron en objetivos del Talibán. Él llegó aquí con una Visa Especial para Inmigrante bajo la Ley de Protección de Aliados Afganos. Él trabaja en IT y es conductor para Uber.

Khan menciona que una vez un pasajero local cuestionó su lealtad a los EE.UU. siendo que era musulmán. Él contestó que ayudó a derrotar a un enemigo en común para preservar la libertad de los EE.UU., fue objeto de amenazas de muerte, sufrió de un infarto y PTSD y dejó su vida allá para mudarse aquí.

“Él me dio las gracias por mi servicio a los EE.UU.”, dijo Khan.

Él, su esposa y sus hijos pasaron meses escondidos antes de venir a los EE.UU. en el 2014.

Studnicka menciona que al conocer el público en general los sacrificios y las situaciones duras vividas por las personas que llegan, entonces aumenta el apoyo que se recibe.

“En el pasado los refugiados en muestra comunidad eran invisibles. Eso ya no es verdad. Las personas son más educadas y buscan información y quieren ayudar. Estamos tratando de mantenernos activos para cumplir con la demanda. No contábamos con la infraestructura que tenemos ahora.”

Como resultado de ello, “jamás habíamos estado tan preparados.”

El LFS trabaja junto con comunidades de creencias cristianas, judías y musulmanas, así como con negocios locales, desde grandes corporaciones hasta pequeñas compañías, para adecuar las residencias de las nuevas personas que llegan, darles la bienvenida en el aeropuerto, realizar las compras de la despensa, enseñarles el idioma inglés, visitarles en su hogar, fungir como tutores y más.

Al personal usualmente se le pide que esté presente durante el reasentamiento. Es entonces cuando algunos refugiados cuentan sus historias.

Y cuando hay algunos huecos en los servicios brindados, los refugiados ayudan.

“No contábamos con una fuerte presencia de congoleños antes de que comenzaran a venir, así que los burundi y ruandeses actuaron para poder darles la bienvenida. Son de la misma región y han vivido juntos en los mismos campos de refugiados. Ese sentimiento de solidaridad y comunidad es especial.”

Studnicka comentó: “Las personas batallan cuando no cuentan con suficientes recursos disponibles. Mientras más recursos, mayor será el éxito que tendrán”, agregando que los recursos no son un problema aquí.

“La meta”, nos dice, es que las nuevas personas que llegan logren volverse “autosuficientes.”

En cuanto a la cantidad de ayuda que necesita una familia, eso varía. “Si los padres están trabajando y los niños van a la escuela y ya han encontrado su rutina, bien pueden ya no necesitarnos. Tal vez vengan si les llega por correo un recibo de cobro inesperado o que no conozcan, o si necesitan registrarse para cobertura médica, para un 401k o si necesitan de nuestra guía para algo muy particular. También tenemos casos en los que un niño puede tener una discapacidad o alguien en la familia en verdad necesita de ayuda para entender y navegar el sistema de cuidados a la salud y para esos casos realizaremos una administración de caso más intensiva durante un periodo específico o a largo plazo.”

De una u otra manera, ella comenta que “la puerta siempre está abierta.”

Omaha cuenta con diversas comunidades de refugiados establecidas en la ciudad.

“Los sudaneses han estado aquí durante ya un largo periodo de tiempo y cuentan con una comunidad robusta”, nos dijo. “Los Karen de Birmania son excepcionalmente organizados y unidos. Están construyendo una multimillonaria iglesia y centro comunitario. Tenemos alrededor de 5,000 refugiados de Birmania que viven en Omaha y más de 400 familias han comprado hogares, muchos de ellos dentro de los primeros dos años posteriores a su llegada a la ciudad. Están trabajando en plantas de empacado de carne, sus hijos van a la universidad con becas completas pues son excelentes estudiantes.”

Ella continúa: “La comunidad butanesa es una comunidad en crecimiento.”

Studnicka menciona como en todos estos grupos las constantes son la gratitud y la generosidad. “No tienen mucho pero siempre quieren alimentarte y darte regalos. La hospitalidad es algo en común entre todos los grupos a quienes damos la bienvenida.”

Para Studnicka, es lógico que una nación de inmigrantes como los Estados Unidos de Norteamérica pueda dar la bienvenida a personas que llegan con buenas intenciones, altas aspiraciones, una fuerte ética laboral y una cultura rica.

“En verdad me sorprende que alguien pueda sentir miedo por los refugiados. ¿A qué le pueden tener miedo? ¿A la comida deliciosa?”

Aquellos que buscan bloquear a ciertos grupos tienen miedos sin razón que han sido agrandados por la retórica.

“Yo pienso que el miedo es una herramienta política muy poderosa. Hace que las personas ganen elecciones. Es una lección para que todos sean más cuidadosos y busquen una educación académica.”

Ella invita al público en general a que sean vecinos, no extraños.

“Vengan al aeropuerto a darles la bienvenida. Visiten nuestro centro para conocerles y aprender más sobre ellos. Trabajemos juntos.”

Se llevarán a cabo dos eventos este verano donde pueden reunirse y conocerles: El festival del 30 de junio por el World Refugee Day en el Museo de Arte Joslyn y el 4 de agosto en el New American Arts Festival en Benson. Visite www.lfsneb.org.

Lea más del trabajo de Leo Adam Biga en leoadambiga.com.[:]